Chico de 17 años logra lo imposible ante un diagnóstico letal

Cody Dietz era un típico adolescente neoyorkino de 17 años al que le gustaba reunirse con sus amigos, y a menudo se quedaba a dormir en casa de alguno de ellos. Ese fue el caso una noche de 2008 cuando sucedió algo que cambió su vida para siempre.  

YouTube/PennStateHershey

La mamá de Bonnie trató de llamarlo al celular para preguntarle a qué hora pensaba regresar a casa, pero el chico no contestó. Poco después seguía sin regresarle la llamada, así que se imaginó que algo andaba mal. Trató de localizarlo una y otra vez pero el chico no tomó el teléfono. Bonnie empezó a angustiarse. 

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Finalmente, sonó el teléfono del padre de Cody, pero no era él quien llamaba, sino un amigo que le dijo que Cody no podía ponerse de pie y que estaba murmurando cosas incoherentes. Sostuvo el teléfono frente a la boca de Cody, y todo lo que oyó su padre del otro lado de la línea era un sonido parecido a un gorgoteo.

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Los padres de Cody sabían que su hijo estaba en graves problemas, así que le enviaron una ambulancia de inmediato. Cuando los paramédicos llegaron, sospecharon que Cody había tenido una embolia cerebral. Lo llevaron inmediatamente al hospital más cercano en un helicóptero de rescate, donde sus sospechas fueron confirmadas. El neurólogo del hospital, Dr. Ray Rechwein, estaba muy preocupado por el estado de Cody. La rapidez del diagnóstico es fundamental. "Muchos de los tratamientos tienen mejores resultados cuando empiezan a aplicarse en las primeras seis horas. El diagnóstico de Cody llegó 12 horas más tarde", explicó. Cody se encontraba en un estado crítico y la resonancia magnética mostraba que había tenido una embolia en la parte izquierda del cerebro. Solo tenía el 20% de probabilidades de sobrevivir.

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El tiempo que había pasado entre la embolia de Cody y su llegada al hospital obligó a los médicos a realizarle una complicada cirugía que requirió que la extracción de la parte superior del cráneo para aliviar la presión sobre su cerebro. Además, redujeron la temperatura corporal del cuerpo de Cody a unos 33 grados centígrados, un procedimiento que se realiza en pacientes que se someten a una cirugía de cerebro o de corazón. El enfriamiento del cuerpo reduce el consumo de oxígeno del cerebro y previene la muerte de las células del cerebro. Después de la cirugía, Cody estuvo tres semanas en un coma inducido mientras sus padres temían por su vida. 

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Cuando Bonnie se sentaba al lado de la cama de su hijo y trataba de no perder las esperanzas, recordó que Cody había mostrado algunos síntomas una semana antes de sufrir la embolia. Hablaba lentamente y con mala pronunciación; además, le temblaban las articulaciones. Así que ahora la razón de esta extraña conducta había quedado clara.

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Cuando los doctores despertaron a Cody del coma inducido, la magnitud de los daños causados por la embolia se hicieron evidentes: tenía el lado izquierdo de la cara paralizado y no podía hablar ni escribir. Los médicos le explicaron a su familia que la rehabilitación sería muy larga y que era previsible que no se recuperara completamente. 

Pero después sucedió algo muy inesperado: solo cuatro semanas después de la embolia, Cody sorprendió a todos cuando logró hablar de nuevo, ¡y después de dos años de rehabilitación intensiva, recuperó la salud al 100%!

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Después de esta traumatizante experiencia, Cody se ha dedicado a informar a otros adolescentes y a sus padres sobre los señales de alerta de una próxima embolia cerebral. "Hubiera deseado acudir a un médico antes de mi embolia, pero ¿quién se lo iba a imaginar?", reflexionó Cody. Su madre, Bonnie, también ha estado tratando de concienciar a las personas sobre los riesgos y los síntomas, entre los cuales se encuentran sensación de debilidad, parálisis facial, problemas de dicción y de la vista. "Mi consejo para los padres es que no ignoren ninguno de los síntomas de sus hijos", advirtió Bonnie. 

En este vídeo (en inglés) puedes obtener más detalles sobre la historia de Cody:

El problema con las embolias es que son muy difíciles de reconocer por la mayoría de la gente. Muchos creen que solo las personas mayores pueden sufrir una embolia e ignoran los síntomas cuando se presentan en niños y gente joven. La trágica ironía es que los médicos han notado un aumento en los casos de embolias cerebrales en niños y adolescentes, y creen que esto se debe a un estilo de vida poco saludable. Muchos chicos fuman, beben alcohol y consumen drogas convencidos de que nada les puede hacer daño. Sin embargo, muchos aprenden que no son inmortales a través de una experiencia muy dolorosa. Si los adolescentes y sus padres están conscientes de los riesgos y pueden identificar los síntomas, se pueden prevenir las embolias cerebrales o, por lo menos, tratarlas antes de que sea demasiado tarde. 

Créditos:

Scribol

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