2 niños desentierran en su jardín algo que nadie debía encontrar

La gente encuentra muchas cosas curiosas en el jardín: viejas monedas, el anillo de casados que creían perdido o algún que otro objeto que parece sacado de una máquina del tiempo. Pero lo que encontraron dos jóvenes en el jardín delantero de su casa en los años 1970 lo supera todo. 

En 1978 una familia se mudó a una casa bastante nueva y bonita en los alrededores de Los Ángeles (EE.UU.) y aún estaban acostumbrándose a su nuevo hogar. Los dos hijos de la pareja solían jugar al aire libre, especialmente en su nuevo jardín. Un día comenzaron a cavar un hoyo como parte de un juego. Pero cuando toparon con algo duro, no podían ni imaginar que pronto estarían frente a un verdadero tesoro.   

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Los chicos siguieron cavando hasta que, ante sus ojos, apareció el sueño de cualquier chico de su edad. ¡Entre capa y capa de tierra y pasto se hallaba enterrado un Ferrari! Los niños llamaron de inmediato a sus papás, y estos a la policía. Cuando los agentes lograron desenterrar el auto del todo, vieron que lo habían cubierto con ropa y rellenado con toallas. A los agentes empezó a asaltarles una terrible sospecha. ¿Podía ser que encontraran allí dentro un cuerpo?

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Cuando sacaron el auto del hoyo, por suerte sus sospechas no se confirmaron. En su interior solo había más toallas y ropa. Cuando limpiaron el auto por completo, pudieron descubrir la marca: ¡se trataba, nada más y nada menos, que de un Ferrari Dino 246 GTS casi nuevo del año 1947! Resultó que lo que ahora era el jardín había alojado anteriormente una piscina. Alguien había sumergido el Ferrari en la piscina, aunque la identidad de los delincuentes era desconocida. 

Finalmente, la policía pudo determinar quién era el dueño del vehículo. Mientras cenaba en un restaurante, alguien le había robado el auto y lo hundió luego en la piscina con la intención de rescatarlo más tarde. Obviamente, algo debió de impedir al criminal que acabara su tarea y el vehículo quedó allí sumergido hasta que los niños dieron con él en 1978. Pero entonces la policía se topó con otro misterio: no podían encontrar a la pareja dueña del Ferrari. 

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La compañía de seguros que, tras la desaparición del auto ya había pagado por el robo, se vio entonces obligada a venderlo al postor más alto. Así es como Brad Howard entró en escena. Brad compró el auto por unos 9000 dólares (aproximadamente 7300 euros), un precio ridículo incluso para la época. "Siempre quise un coche como este. Es rápido pero ligero de manejar", explicó Brad. 

Brad no dejó que el pasado del Ferrari lo asustara y con la ayuda de un mecánico lo puso en marcha de nuevo. Arregló los daños del exterior del auto y el motor quedó como nuevo, como si nunca hubiese estado enterrado. Pero la historia no acabó ahí.

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Entonces una revista online se hizo eco de la historia y se puso en contacto con Brad. Este les aclaró cómo había llegado a la posesión del automóvil pero también les dijo que el delito nunca había sido resuelto. Los redactores de la revista empezaron entonces a investigar y se toparon con una historia aún más curiosa que la hasta ahora relatada.

Efectivamente se había cometido un delito, pero no el que la policía imaginaba. Resulta que la pareja que había sido dueña del Ferrari estaba adeudada y no podían seguir permitiéndose un auto tan costoso. "Se habían enamorado del auto y no podían despedirse de él", explicó el reportero del caso. 

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La pareja decidió entonces "aparcar" el Ferrari en la piscina y cubrirlo con tierra para que el seguro les pagara el dinero del robo y también pudieran quedarse con el auto. Aunque el dinero del seguro les fue abonado, el motivo por el que nunca volvieron a recoger su amado Ferrari ha quedado sin conocerse. 

En el siguiente vídeo tienes la historia en inglés: 

¡Qué historia tan increíble! Si les hubieran contado a esos dos niños lo que encontrarían al cavar su jardín, seguro que se hubieran reído. Brad Howard, por su parte, está feliz de que esta rocambolesca historia le haya permitido ser ahora el propietario del auto de sus sueños. ¡Qué giros del destino!

Créditos:

ntd.tv, Youtube

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