Niño con cáncer terminal lucha por sobrevivir hasta el nacimiento de su hermana

La llegada de un nuevo miembro a la familia siempre es una experiencia fascinante. La otra cara de la moneda se presenta cuando un hijo enferma de gravedad. Una pareja británica tuvo que vivir ambas situaciones al mismo tiempo; una con alegría, la segunda con horror. 

Lee y Rachel Cooper ya tenían la suerte de tener dos hijos, y a principios de 2017 se enteraron de que estaban esperando un tercer hijo. Esta vez tendrían una niña, y ambos estaban seguros de que la pequeña se encontraría muy bien entre la familia. 

Su hijo Bailey, de 9 años, se mostraba muy cariñoso con su hermano menor, Riley, de 3 años, y además estaba muy contento por la llegada de su pequeña hermana. El embarazo de Rachel transcurrió sin complicaciones; sin embargo, un día su hijo mayor despertó en ella una gran preocupación. 

Baile se quejaba con frecuencia de un dolor de estómago, y como este empeoraba cada vez más, Rachel y Lee lo llevaron al hospital. Allí los médicos sospecharon que se trataba de una inflamación en la cavidad abdominal y le tomaron una muestra de sangre. Los resultados de los análisis dejaron a Lee y Rachel de piedra. 

Los médicos les explicaron que el niño de 9 años padecía un tipo de cáncer poco frecuente llamado linfoma no hodgkiano. En esta enfermedad, los ganglios linfáticos, y a veces el diafragma, se ven afectados por tumores.

Los médicos les aconsejaron a Lee y Rachel una quimioterapia para su hijo, ya que Bailey tenía muchas probabilidades de curarse. Después de someterse a quimioterapia y a un tratamiento con esteroides, los padres escucharon buenas noticias en febrero de 2017. 

El cáncer estaba remitiendo. Bailey y su familia celebraron esta buena nueva con unas vacaciones en la playa. Sin embargo, la salud de Bailey se deterioró durante las vacaciones, y los médicos descubrieron, posteriormente, que el cáncer había invadido el diafragma. Después de la mejoría inicial, los doctores solo tenían malas noticias que darles a los padres de Bailey.

Rachel y Lee querían ayudar a su hijo con más quimioterapia aunque esta vez sus probabilidades de sobrevivir eran del 70 por ciento. Los padres hicieron todo lo posible por tratar de salvar a su hijo. La segunda quimioterapia no tuvo resultados positivos, y el niño de 9 años se debilitó rápidamente debido al cáncer y a los agotadores efectos secundarios del tratamiento. 

Rachel fue incapaz de disfrutar su embarazo debido a la gran preocupación que tenía por la salud de su hijo y por la tristeza que le provocaba saber que Bailey no conocería a su hermana. Los doctores le dieron al valiente niño solo unas semanas de vida: "Los médicos nos dijeron que Bailey moriría antes del nacimiento de nuestra hija". Pero no contaban con que Bailey iba a seguir luchando. 

El niño reunió todas sus fuerzas en las semanas previas al parto para apoyar a su mamá. Además eligió un nombre para su hermana. "Creo que debería llamarse Millie", mientras se dirigían al hospital. 

Y lo logró: Bailey se convirtió en el hermano mayor, tal como había soñado. Vio a su hermana Millie nacer y pudo tomarla entre sus brazos con mucho orgullo. "Hizo todo lo que hace un hermano mayor: le cambió los pañales, la limpió y le cantó una canción", relata conmovida la madre de Bailey. 

Por desgracia, ese hermoso tiempo no duró mucho más. Rachel y Lee lo sabían, y Bailey también lo notó. "Me gustaría quedarme, pero ha llegado la hora de irme y convertirme en un ángel de la guarda para Millie", expresó el niño de 9 años. Incluso en sus peores horas, no dejó de pensar en sus hermanos y les pidió a sus desesperados padres: "Solo pueden llorar 20 minutos por mí, después tienen que hacerse cargo de Millie y de Rilley".

Después de ser trasladado al hospital infantil de enfermos terminales, murió en los brazos de sus padres en Nochebuena. Se quedó dormido lentamente mientras Rachel y Lee tocaban y leían algo. Una pena muy profunda, pero también asombro fue lo que experimentaron los padres de Bailey con la partida de su hijo: "Mi hijo sonreía todo el tiempo. Hacía muecas para que la gente se riera aunque padecía unos dolores indescriptibles".

La historia del valiente y generoso Bailey Cooper nos conmueve hasta las lágrimas. La partida de este pequeño ser nos muestra la gran fortaleza de los niños. 

Créditos:

Unilad

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